Dr. Cerbeleón Murillo Ruíz

La Autonomía Intelectual en el contexto de la Mediación Pedagógica

La tarea formativa de la escuela se ha visto afectada de manera permanente por una serie de cuestionamientos que están relacionados a los elementos pedagógicos de los procesos de enseñanza y de aprendizaje, así como los espacios en los cuales estos se desarrollan. Por otra parte, se cuestiona que el docente realiza su práctica pedagógica desde sus propias creencias, que provienen o se derivan de la historia vivida; así como de su cotidianidad cargada muchas veces de afectos, principios y valores que configuran el marco de sus experiencias.

Así mismo, el modelo de comunicación educativa, elemento principal del acto pedagógico se caracteriza por ser persuasivo y repetitivo, de mirada lineal y cosificada; cuyo fin último no es otro que garantizar el mantenimiento y vigencia de la transmisión de la ideología dominante como mecanismo de control social. Ello se inscribe en un modelo pedagógico cuyo propósito sustantivo es enseñar, por lo que pone el énfasis en los contenidos como elementos centrales del proceso y en la evaluación como mecanismo de verificación de la asimilación y la retención de dichos contenidos.

Frente a lo antes expuesto, se debe promover un aprendizaje autoorganizado, crítico, integral, circular y reticular, con participación, creatividad, con expresividad y relacionalidad, pero también, con libertad, autonomía, asertividad y felicidad como ejes fundamentales en los procesos de formación, en suma, un aprendizaje holístico.

La autonomía intelectual

El cambio necesario requerido en los espacios de aprendizaje en el contexto de la realización del acontecimiento educativo, debe pasar de la heteronomía intelectual, una de las características de la lógica moderna; a la autonomía intelectual, entendida como la forma que tiene la persona de pensar por sí misma, de manera crítica y reflexiva, encontrando el sentido de las actividades que realiza. Esto es importante reconocerlo debido a que a los niños y adolescentes les llaman la atención los retos, por eso les gusta explorar; y, sentir que son capaces de abordar situaciones que les conduzcan a ser creativos. En este orden de ideas se hace necesario que desde los ambientes de aprendizaje se generen experiencias adecuadas a las necesidades de los educandos quienes deben recibir las orientaciones y recursos intelectuales de manera oportuna que les anime a seguir trabajando de manera creativa y altamente motivados.

La definición de la autonomía intelectual invita a entender las diversas formas de expresarla, tomando en consideración la existencia de los variados sinónimos con que puede ser denominada esta capacidad, como son: el aprendizaje autónomo, la auto-instrucción, la autonomía del aprendizaje, la auto gestión del aprendizaje, el aprender a aprender; en el entendido que todos ellos hacen referencia a la capacidad de gobernar el aprendizaje. En este sentido Benson (2001: 23) asume la autonomía intelectual como:

…la capacidad de aprendizaje que desarrolla el ser humano en contexto, está caracterizada por la interacción social y la iniciativa personal, mediante las cuales se establecen metas, se planifica y se ejecuta, se hacen seguimientos con la responsabilidad y social que ello conlleva.

La autonomía intelectual en la escuela, conlleva a que el educando en su condición de aprendiente cuente con espacios educativos óptimos para su desarrollo integral mientras piensa, siente, imagina y crea. No se trata únicamente de sus acciones mentales, sino también de sus acciones físicas ligadas a la interacción social y por lo tanto moral.

Al respecto, Freire (1997:103) señala que “nadie es autónomo primero para después decidir; la autonomía se va constituyendo en la experiencia de varias e innumerables decisiones, que van siendo tomadas; la autonomía, en cuanto maduración del ser para sí, es proceso, es llegar a ser”. Por consiguiente, se reconoce que el ser humano está en constante formación, no está acabado, busca conocimientos y siempre está en proceso de aprender a ser, aprender a ser autónomo

Relación entre la mediación pedagógica y la autonomía intelectual en los espacios educativos

Los ambientes de aprendizaje son escenarios de construcción colectiva de conocimiento, en el que un agente educativo genera intencionalmente un conjunto de actividades y acciones dirigidas a garantizar la consecución de un objetivo de aprendizaje en sentido amplio. Este debe ser pertinente para el desarrollo de competencias en uno o varios dominios de conocimiento de uno o más educandos pertenecientes a una cultura determinada. El concepto de ambiente de aprendizaje no sólo se refiere a la totalidad de las actividades que giran alrededor de un objetivo de aprendizaje centrado en un conocimiento específico, un contenido temático o una habilidad, como tradicionalmente se concibe. Un ambiente de aprendizaje es un espacio en el que se articulan elementos diversos y relaciones necesarias para que se produzca el aprendizaje.

Desde esta perspectiva, el aula en su sentido más amplio configura el contexto en el que se desarrollan los procesos de enseñanza y de aprendizaje y se la valora como espacio de transformación. Aunque en las formas de realización del acto pedagógico se han producido algunos cambios, mismos que han incidido en las formas de enseñanza. Desde esta visión, el espacio áulico debe pasar de ser el lugar donde el docente solo transmita conocimientos a los estudiantes, y estos lo reciban sin críticas y con poca o nula reflexión; para convertirse en verdadero espacio para el establecimiento de relaciones dialógicas, reflexivas, críticas, transformadoras y generadoras de aprendizaje de los estudiantes (discentes o educandos), para su desarrollo humano, quienes son el centro del proceso pedagógico dialogante en el cual el docente actúa como mediador.

Visto de esta manera, los espacios educativos configuran el eje fundamental para el desarrollo de los aprendizajes y conforman un conjunto de aspectos que constituyen un ámbito de aprendizaje el cual posibilita el desarrollo de situaciones pedagógicas. En los actuales tiempos, cuando se hace mención del espacio educativo, no sólo se está haciendo referencia a los ambientes físicos tradicionales (aulas de clase, espacios deportivos, laboratorio); sino a espacios diversos en los que es posible la realización del acto pedagógico en tanto acontecimiento educativo.

Los espacios educativos son escenarios del contexto sociocultural para el desarrollo del acontecimiento educativo, en el que se favorece la comunicación, la reflexión, la crítica y la relación activa docente-discentes, discentes-discentes, docentes-discentes-saber-experiencia, de manera participativa, creativa y reflexiva para el logro de aprendizajes; donde además, se perfile una visión conjunta de la realidad educativa.

Desde esta óptica, la escuela tal como se ha entendido hasta ahora constituye una fiel representación de la modernidad, con la enseñanza como elemento característico potenciado por las relaciones de poder y dominación; de allí la necesidad de dejar abierto un espacio para la reflexión en torno a la re-significación de la escuela y la educación y las transrelaciones que en ellas deben darse para la generación de aprendizaje en los actores vinculados al proceso educativo, reconociendo el valor que adquieren las prácticas educativas desde la mediación pedagógica como garantía de formación integral, participativa, autónoma, flexible, sistémica, a la luz del paradigma de la transcomplejidad, en tanto visión emergente para el abordaje de nuevas realidades entre ellas la educativa.

A modo de reflexión

La nueva mirada aquí planteada tiene implícita la necesidad de trascendencia hacia una nueva cosmovisión educativa, en la cual tanto la mediación pedagógica como los espacios educativos en una verdadera sinergia relacional promuevan y motiven la generación de aprendizaje en cualquier lugar y momento (ubicuidad). En este sentido, se debe educar para la afectividad, para la felicidad, para la autonomía, para las transrelaciones, para comunicarse asertivamente, para ser dueño/a de su historia, su vida, en síntesis, educar para la vida

Referencias

Benson, P. (Ed.). (2001). Teaching and Researching Autonomy in Language Learning. Harlow: Pearson Education Limited.

Freire, P. (1997). Pedagogía de la autonomía: saberes necesarios para la práctica educativa. México, D.F.: Siglo XXI.