Adriana Bautista Jaimes https://orcid.org/0000-0002-3142-0353

Antes de poder hablar de la ética del cuidado, es necesario señalar que el cuidado es una acción generada por una persona que trata, intenta, y busca la forma de preservar a alguien o algo y si a esa palabra le agregamos la ética, puede decirse que la ética del cuidado es una postura filosófica de carácter feminista, que busca la preservación de los seres humanos sobre la base del reconocimiento de una necesidad que debe ser atendida responsablemente, a través de la prestación y recepción de los trabajos de cuidado.

Sabiamente la psicóloga Carol Gilligan, ha fijado posición sobre el cambio de paradigma estableciendo que, en el aspecto de la democracia, el cuidado es una ética que debe ser inherente a todos los seres humanos, rebatiendo la postura de su predecesor sobre la ética de la justicia Kohlberg, quien la estimaba como el paradigma masculino de la argumentación dirigida a los valores morales y sus consecuentes decisiones.

Es latente que ha existido y existe una gama de criterios entre diversos autores que sostienen que la ética de la justicia debe estimarse como el crecimiento de índole moral al que toda persona debería fortalecer, y se encuentran otro grupo de autores que postulan la ética del cuidado como la evolución más completa en el plano moral, ya que tiene en cuenta a la otra persona en su individualidad; llegando a la conclusión Gilligan que la ética de la justicia  corresponde al desarrollo moral masculino y por su parte la ética del cuidado al desarrollo moral femenino.

Sobre el particular, estimo que ni la ética de la justicia ni la ética del cuidado pueda ser exclusiva de algún género, por máximas de experiencia, y de manera pública y notoria se ha visto como en los últimos años ha proliferado el número de madres que han abandonado a sus hijos, dejándolos con sus padres o familiares y como inclusive hombres deciden quedarse en la soltería por cuidar de sus padres; por lo que más que patriarcado o posiciones machistas, es una decisión inherente de la ética del ser; es decir, de los valores, principios e inclusive proyecciones que posee cada persona, y más aún de la situación actual, económica, política, social que pueden estar en su propio contexto

Así las cosas, por más que se pretenda o se pueda describir, determinar diferencias y establecer patrones de conducta sobre la base de sentimientos y emociones de carácter femenino o masculino, es importante enfrentar que es una voluntad individual, muchas veces orientada por factores externos que inciden en que el individuo cuide de otros y por supuesto de sí.

Por ello, desde cada rol, sea hombre o mujer, lo que debe prevalecer es el amor, la bondad, el altruismo, la gratitud, y desde esa conciencia innata, el ser humano crecerá y creará su propio criterio; ya que, muchas veces, nos dejamos llevar por posturas filosóficas que si bien es cierto pueden tener razón, no es una razón única, porque de allí, se derivan muchas connotaciones; y expreso esto porque no podemos hoy en día ceñirnos a un género físico específico, cuando muchas veces, hay un hombre en una mujer y a la inversa, pero que por temor no se descubre en la sociedad. ¿Entonces qué pasaría allí?, se puede decir que, si se encuesta a ese hombre, ¿su valoración va a ser de tipo netamente sentimental o será patriarcal y autoritario? O se callara como cuando fueron calladas las voces de las mujeres en un momento dado y que aún existe ese silencio en muchas culturas.

Es así como mi posición, la trasciendo al plano de la ética del ser, sea hombre, mujer, intersexual, transgénero, es en definitiva el ser humano en su integralidad, y que éste se desenvolverá, tomará decisiones desde la ética en general sobre la base de sus principios intrínsecos, de acuerdo a su contexto social.

Concluyo así que la ética de la justicia, la ética del cuidado, y todas las éticas que han sido creadas para encuadrar en líneas generales la conducta del ser humano sobre la base de sus principios morales, convergen en un solo punto o bueno deberían hacerlo, y es el bien común sustentado en la felicidad y esa felicidad se consigue en el bien saber, estando consciente de lo que puede hacer, de lo que debe hacer y de lo que espera de la vida con su accionar, teniendo en cuenta que debe ser responsable de su comportamiento y en esa responsabilidad operará los sentimientos y emociones inherentes a su persona.